Testimonio: El parto de Marcia

 

Recién hoy, después de algunos días estoy con un poco de luces como para escribir, porque mi "cachorro" pide atención todo el tiempo y en los ratitos que se duerme, yo duermo con él.

Freud llamaba a  la primera etapa del desarrollo psíquico del niño Fase oral o del caníbal... ahora sé por qué... tengo en casa un hermoso caníbal, teta, teta y más teta y por las dudas, teta.

Les debía detalles de mi parto, fue rápido, muy rápido, entre trabajo de parto y expulsivo no llegué a las cinco horas.

Fue parto a pleno, no hubo tiempo para música ni velas, ni nada. Oxitocina a full, contracciones fuertes, necesidad de pujo, energía y deseos de que nazca. Para mí, mejor imposible.

Fue un parto de mujeres,"YO", Sandra y Alejandra. Mariano colaboró desde la energía masculina, desde la disponibilidad para realizar las cosas que a las mujeres nos es más difícil, como sacar la puerta del baño que complicaba el ingreso, su participación más fuerte se dio después, se está dando en este momento como papá de Martín.

Si tengo que dar los tiempos exactos de como sucedieron las cosas, mentiría, y es probable que no todo lo que cuente sea tan así, porque es verdad que uno comienza a desconectar de lo que lo rodea en forma creciente: contracción-desconexión, pasada la misma volvés a la realidad pero a medida que se hacen más frecuentes, la desconexión se hace continua.

El jueves fue un día lleno de actividades, a la mañana me reuní con mis compañeras de grupo y Raquel, al mediodía almorcé con Juli, una de ellas y a la tardecita, las dos teníamos control con Sandra.

En su consultorio, Sandra pudo ver que ya me faltaba poco así que le pedí a Mariano que del trabajo fuera a buscar la sillita de parto mientras yo me ocupé de pedir el tubo de oxígeno.

Esa tarde teníamos que terminar de embalar cosas para comenzar una parte de la mudanza  en la mañana siguiente.

Serían las nueve de la noche, cuando ¡por fin!!!! Sentí lo que tanto anhelaba: una contracción de parto. Y es verdad que uno se da cuenta, no es igual  a todo lo sentido hasta ese momento. Luego tuve una pérdida de líquido, pensé en la bolsa, llamé a Sandra y como " Pedrito y el lobo" ya había dado varias falsas alarmas, me sugirió que me fuera a la cama, que descansara, porque las contracciones eran espaciadas. Pero "Pedrito" esta vez no bromeaba, no me dejó cenar ni me dejó dormir (es probable que en este tiempo haya tenido otra comunicación telefónica con Sandra pero la verdad es que no recuerdo el orden, ni  de que hablamos).

Las contracciones comenzaron a hacerse más frecuentes, pasó una hora y ya eran "seguidas en serio".

Y ahí fue el "vale todo": bañera, inodoro, bidet, cama, cuclillas, posiciones, me acordé de lo que Raquel decía sobre el dolor: "no todo tiene que doler". En algún momento me enfrenté con la sombra del temor al dolor y con mi capacidad de tolerarlo. En algún momento tuve la sensación de no poder.

Hoy, a la distancia, pienso en las madres que paren en instituciones y pasan por las sensaciones que pasé, pero sin recibir el trato amoroso que yo tuve, obligadas a callarse, a permanecer acostadas, a no expresarse libremente, ¡Qué acertada fue la decisión de parir en casa!

Mariano volvió a llamar a Sandra porque las cosas ya no eran "de cuentito", eran de verdad.

Al rato llegó Alejandra y pudo comprobar que tenía seis de dilatación y que la bolsa estaba intacta. Eran alrededor de las once de la noche, faltaba muuucho.

Luego llegó Sandra y el escenario de mujeres se completó, ya me sentía entre matronas, tranquila y segura. Creo que eso fue el detonante que aceleró todo.

A partir de ahí... dolores y más dolores, sí…nada románticos, en algún momento llegué a pensar: "¡Quiero una cesárea!”, pero no lo dije, lo pensé, nada más.

Y siguieron las contracciones... al llegar una me metí en la bañadera, pero ya el agua no funcionaba, al levantarme ayudada por Mariano rompí bolsa, ya estábamos cerca.

No sé cuanto tiempo habrá pasado pero me di cuenta de que las contracciones se aliviaban pujando, y empecé a pujar. Me fui al dormitorio donde estaba preparada la silla de partos (maravillosa), Mariano me acompañaba, en un pujo sentí que ya salía, la llamé a Sandra, ella y Mariano pudieron ver los pelitos de la cabecita de Martín, faltaba muy poquito.

Me senté en la silla... pujé y  salió la cabeza, sentí un dolor fuerte como si algo se lastimara y pensé: "un pasito más y ya está, no me voy a achicar ahora por este "dolorcito" “, pujé de nuevo y salió Martín... nos vimos por primera vez.

No puedo describir como me sentí en ese momento, supongo que es una experiencia que cada mujer que decide ser madre tiene que experimentar para entenderla.

A partir de ese instante todo lo demás fue anecdótico. El dolor que tuve fue un pequeño desgarro de piel, Ale me dio tres puntos; la placenta salió enseguida, más tarde  la pude ver, quería saber como era ese órgano maravilloso del que Raquel siempre nos hablaba.

Bueno, así o muy cercano a lo que conté fue mi parto, ahora viene lo interesante: la vida de mamá, el conocer a Martín, mi relación con Mariano, la mudanza que se termina el lunes próximo.

La vida te cambia, todo lo que Raquel dijo sobre el puerperio... ES VERDAD. Duerman, coman, miren tele, vayan al cine o hagan lo que les gusta AHORA.

Asesórense sobre lactancia, como dijo Ceci, dar la teta no es pavada y hay que informarse, te evitás angustias inútiles. A mí se me complicó un poco, por suerte tuve una entrevista con una puericultora que atiende en el consultorio de Sandra que me ayudó muchísimo, les insisto:  vayan a alguna charla y pregunten por como proceder para evitar complicaciones.

Otra cosa que nos alivió mucho fue no recibir visitas los cuatro primeros días, salvo abuelos y tíos directos, les digo que costó porque culturalmente choca, pero después del parto estaba agotaada y la energía que tenía la usaba para Martín. En fin, a nosotros nos sirvió.

En cuanto a Mariano, me está ayudando mucho, tomó vacaciones a partir del nacimiento de Martín para poder estar con nosotros estos primeros días y mudarnos a la nueva casa. Me acompaña y ayuda con Martín, es un gran papá.

El primer gran paso ya lo dimos, elegir un parto en casa marcó la vida de Mariano y la mía, pero creo que el gran beneficiado fue Martín.

Es un niño tranquilo, amado, que fue respetado desde su nacimiento, estoy segura que llegar al mundo de esta manera lo hará una persona diferente.

Y por último me queda agradecer:

Al hematoma que tuve en el primer trimestre, por el cual tuve que hacer un mes de reposo, pero gracias a él comencé a leer sobre otro tipo de partos.

A todos los profesionales con los que me crucé, porque contribuyeron con el camino que recorrí.

A mis compañeras del grupo de Abordaje Corporal Emotivo, porque pude compartir el proceso de convertirme en mamá, por la energía que cada semana me daban luego de cada reunión, por escucharme, por las experiencias compartidas.

A Alejandra, por acompañarme en mi parto, porque a pesar de habernos visto una sola vez en su consultorio, en ese momento, su manera de ser, me hizo sentir tranquila y segura.

A Sandra, por muchas cosas. Por las cosas que se ven, se palpan y por aquellas que no, pues forman parte de su experiencia como partera pero sobre todo de su pasión por lo que hace. Partera de corazón.

Y finalmente a vos Raquel, partera de raza, porque me mostraste la posibilidad de un camino distinto, porque me ayudaste a desatar los nudos del cuerpo y el alma…

Nuevamente les digo gracias

Marcia

Enero 2008

 

 


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